Viajar en avión: una experiencia personal

Cada día viajar en avión resulta más fácil y cómodo. ¿Realmente es así? Hoy he vuelto de viaje, la verdad es que no estoy muy de acuerdo con esta premisa cuando debes volar a menudo. Espero que entendáis porqué. He llegado al aeropuerto una hora y media antes de la salida del vuelo, siempre vas con tiempo por si surgen contratiempos. Así que me dirijo directamente la cola para sacar la tarjeta de embarque. Después unos cuantos minutos llega mi turno. El vuelo no sólo va lleno, sino que el amable chico del mostrador me ha informado que había overbooking (término muy utilizado para comunicarnos exceso de venta de nuestra lengua materna, pero parece que en inglés lo encajas mejor). Por lo tanto me ha pedido, más bien obligado, a facturar mi pequeña maleta de cabina. La utilidad de estas maletas es poder subirlas al avión para luego no tener que esperar en la cinta su llegada, en mi caso la utilidad va más allá de no perder el tiempo. Dejar mi equipaje en manos de las compañías aéreas me produce cierta desconfianza, tal vez, por ser algo bastante habitual y sólo con pensarlo me produce dolor de cabeza. Pero no tenía elección. Así que he despedido mis pertenencias con una última mirada deseando reencontrarme con ellas.
Siguiendo sus indicaciones me he encaminado a la puerta de embarque. Este paso no tiene muchos secretos pero todo se complica cuando te encuentras con la gran cola formada para cruzar el “arco”, tampoco es cuestión de tiempo esta vez. Es más un tema de dignidad. Una vez llego a la chica/o de las bandejas me despojo del reloj, el cinturón, el mechero, las monedas, las llaves, la botellita de agua… saco el ordenador de su cartera y la bolsa de los potecitos de líquidos, en fin, se lo doy todo como si me estuviera atracando. Pero no tiene suficiente.
Debo quitarme los zapatos, reconozco que me gustan las botas altas y que siempre pienso que las zapatillas de casa son el mejor calzado para pasar el control, pero no me combinan con el traje y ellos parecen no entenderlo. Así que me descalzo comprobando que mis calcetines o medias no llevan ningún tomate ni carrera y me coloco unos peucos de quirófano (es todo un detalle porque antes paseaba descalza a través detector llevándome conmigo toda la porquería del suelo del aeropuerto). Es imposible que pite, básicamente porque no llevo nada, igualmente cruzo los dedos para que no suceda, aún así el aparatito pita. Con los pies en bolsas de plástico debo abrir mis brazos y mis piernas para que me examinen con el detector manual, descubren que son los botones de mis pantalones, miro a la policía intentando transmitir sin palabras que no me los pienso quitar, mientras la cola observa el espectáculo. Finalmente se da cuenta que soy inofensiva y que no llevo ninguna arma peligrosa a bordo. Recojo todos mis bártulos de la cinta de rayos, para lo que necesito realizar varios viajes hasta la mesa que hay al lado y me dispongo a recolocarme todos mis accesorios y a recuperar mi integridad. Para todo esto he necesitado unos 45 minutos.
Busco la puerta donde anuncian el vuelo y una vez más pongo mis esperanzas en que salga en hora. Tengo suerte y embarcamos con una puntualidad suiza pero no puedo evitar realizar la tercera cola en menos de dos horas. Tardamos bastante en ocupar todos nuestros asientos, recordemos que el avión va lleno y debemos depositar nuestras cosas, bien apretujadas por falta de espacio, en los compartimentos situados encima de nuestras cabezas. Una vez organizados y contados por las azafatas como niños de colegio, el comandante nos anuncia el despegue. Pero esto es otra mentira piadosa. Con tanto tráfico aéreo primero realizas un tour por toda la pista hasta que nos den el permiso para salir, éste dura más o menos en función del tamaño del aeropuerto en el que te encuentres. En este tiempo te enseñan las instrucciones de seguridad del Airbus (o similar) y sin previo aviso, porque te ha informado antes del iniciar el tour, notas un aumento en la velocidad y te elevas. En el aire todo ha ido prfecto. No hemos tenido turbulencias en todo el viaje, el piloto ha aterrizado suavemente y además 15 minutos antes, así que en este aspecto me doy con un canto en los dientes, pero no todo podía ser maravilloso. Para desembarcar no había “finger” (término utilizado para designar al tubo que nos lleva del avión a la terminal) sino que había un par de autobuses esperándonos en tierra. Se ha apagado la luz de los cinturones y como una manada en desbandada todos nos hemos empezado a levantar y a sacar los bultos del portaequipajes, pero el pasillo es estrecho lo que produce un gran atasco y este hace complicado salir. Paciencia, total me voy acostumbrando a seguir filas de uno.
Subimos como una lata de anchoas al autobús y emprendemos un segundo recorrido turístico de unos 15 minutos de duración. No me ha sorprendido ver un grupo de japoneses que realizaban fotos a nuestro arcaico sistema de transportes para enseñarlo a su vuelta, a sus amigos más tecnológicos, o en el mejor de los casos debían pensar que este entretenimiento era una forma de dar a conocer nuestro aeropuerto y que entraba en el precio del billete. Distraída por cansancio en temas tan importantes como el de los japoneses, no me he percatado, hasta ser demasiado tarde, del casi accidente de tráfico que hemos tenido. Hubiera sido difícil de creer y creo que más de contar un choque de autobuses en una pista tan grande y con poco volumen de circulación…
Por fin, llego a mi temida cinta transportadora de maletas, esperando con ojos impacientes y aguantando empujones de otros compañeros de aventuras, la aparición entre las cortinas de mi tesoro rojo. Esta vez no ha sido la última en llegar y la he recuperado sana y salva, pero no implicará que confíe más en ellos. Ha sido un agradable vuelo con algunos percances, que forman parte del proceso habitual, pero soy consciente de que podría haber sido peor.
Me gusta mucho volar y no voy a dejar de hacerlo, realmente es una agradable experiencia, pero entendéis que no esté de acuerdo con la frase viajar en avión cada día es más fácil y cómodo.

Noviembre 12th, 2009 at 10:00 am
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Noviembre 13th, 2009 at 4:05 am
[...] Cada día viajar en avión resulta más fácil y cómodo. ¿Realmente es así? Hoy he vuelto de viaje , la verdad es que no estoy muy de acuerdo con esta premisa cuando debes volar a menudo. Espero que entendáis porqué. He llegado al aeropuerto … Original post: Aeropuertos | Viajar sin Rumbo [...]